Maldito Domingo
Tal vez exageré al calificar este Domingo como maldito, pero ese fue el primer pensamiento que tuve al buscar en mi mente el título que pondría a estas líneas. Sucede que, de unos meses para acá, los domingos se han convertidio en un verdadero martirio para mí. Conforme el día avanza, siento que cada vez que queda menos tiempo para disfrutar los últimos minutos de descanso que tendré antes de iniciar una nueva semana laboral con sus torturantes diez horas de trabajo al día. Diez horas de trabajo diario... Por eso cada vez que llega viernes siento que el mundo se abre ante mí, y entonces mi interior se llena de alegría... No debiera ser así. Lo sé. Debería disfrutar cada uno de los días de mi vida, sin importar si son viernes o lunes. Y a pesar de que pongo todos mis esfuerzos en lograrlo, siempre hay algo que me hace retroceder. Entonces es cuando maldigo el domingo, lo aborresco también por lo aburrido que es. Me doy cuenta de que no sólo odio este día, sino que también ese sentimiento se extiende hacia mi persona, porque soy incapaz de hacer algo al respecto, algo que me divierta, algo con lo que pueda reírme a carcajadas hasta llorar por el dolor abdominal. Cómo quisiera reír así... Hace tanto que no lo hago.
Terminaré de teclear en unos instantes... ¿y luego qué? No tengo nada divertido qué hacer. Mis contactos en el msn messenger no chatean conmigo. A muchos los saludo y sólo cruzamos unas cuentas frases... nada más. Veré entonces el pasar de los minutos, deseando que el domingo no termine, pero a la vez odiándolo porque invariablemente sé que terminará... Me refugiaré en lo más ordinario: la televisión y la comida... ¡Maldito Domingo! Después de todo creo que no exageré en calificarlo así.
Terminaré de teclear en unos instantes... ¿y luego qué? No tengo nada divertido qué hacer. Mis contactos en el msn messenger no chatean conmigo. A muchos los saludo y sólo cruzamos unas cuentas frases... nada más. Veré entonces el pasar de los minutos, deseando que el domingo no termine, pero a la vez odiándolo porque invariablemente sé que terminará... Me refugiaré en lo más ordinario: la televisión y la comida... ¡Maldito Domingo! Después de todo creo que no exageré en calificarlo así.
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PeteR -
leti -