Gym
Te escuché por teléfono, y lo primero que pensé fue: "Claro que eres. Tu tono de voz te delata, y ni qué decir de tu comentario. Ya te conoceré". Con trémula y tímida voz me comentaste por teléfono que me pusiera guapo en el hotel, para luego encontrarnos en el trabajo. Desde luego no lo tomé como una insinuación, si no como un simple comentario social con un toque de comicidad. A mi llegada te observé. Primero saludé a tu compañero de trabajo; luego te vi entrar. Supuse que eras tú, pero no te presentaste, así que no pude estar seguro hasta que decidí presentarme yo. Me estrechaste la mano con delicadeza, y dirigiste tu mirada lejos de la mía. Me contaste que eres paisano y que migraste en busca de trabajo. Me caíste muy bien, aunque noté ciertas expresiones rudas en ti. No tardamos en encontrar un tema en común: el gym. Después de intercambiar rutinas, recetas, suplementos alimenticios y revistas de fitness, quedamos en que te acompañaría al gym al salir del trabajo. Tuve que ir a comprar pants y playera (ajustada y sin mangas, claro) para ir presentable, aunque me dijiste que no podía esperar mucho de la gente y las instalaciones, ya que eran muy sencillas, así que no importaba ir bien vestido, además de que nadie me conocía. Yo sólo pensé: "Jamás. Siempre he de ir presentable al gym". Logré encontrar ropa en uno de mis colores favoritos: el negro. Fui al hotel a cambiarme y después salí caminando por las pequeñas calles en busca del gym. Ya no tuve que hacer rutina de calentamiento, fue suficiente la caminata que hice tratando de encontrar el minúsculo lugar. Por fin, el "punchis punchis" lo delató y entré. Me viste, te vi... y te vi, y vaya que te vi. Lo primero que acerté decirte fue: "No, pues sí se nota que ha resultado el ejercicio. No parecía que estuvieras tan mamado (fortachón, pues), pero ya veo que sí". Sólo te carcajeaste y de nuevo mostraste tu tímida mirada. Me mostraste el lugar y explicaste tu rutina. En ese momento he de confesar que estaba atontado. No reaccioné lo suficientemente rápido porque la idea era hacer tu rutina juntos. Así que opté estúpidamente hacer la mía, diciéndote que yo empezaba con pecho y no con brazos. Aún así la pasamos bien. Cada quien a lo suyo, con comentarios esporádicos... Hasta que supongo que tomaste confianza y... y... y... Sí... mencionaste a las féminas. ¡Pero por qué!, ¡no podía ser!, ¿me había equivocado?... Ya no lo sabré. Dieron las 10:30pm y éramos los últimos allí. Reforcé mi convicción de que eres una buena persona cuando me hablaste de la lectura, de los libros que te gustan. Y más aún entendí lo que en ti había escuchado desde un inicio, con el temblor de tu voz por el teléfono, cuando me hiciste ver tu acercamiento con Dios.
Con este último pensamiento me quedo. Ojalá tenga la oportunidad de volverte a ver. Quién sabe, tal vez, en un gym.
Con este último pensamiento me quedo. Ojalá tenga la oportunidad de volverte a ver. Quién sabe, tal vez, en un gym.
0 comentarios