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PeteR

Millones de pixeles

Tenía el jarabe para la tos a un lado de la laptop. En su desesperación por dejar de ser él mismo fue lo primero que se le ocurrió. Tomó aquel botecito color rojo y bebió su contenido hasta el fondo, sin dejar una sola gota. En seguida ocurrió la reacción que esperaba: aquel líquido fue el veneno que descompuso su cuerpo en minúsculos pixeles brillantes, de diferentes y radiantes colores. Cada átomo levitaba sobre los rayos de luz que despedía la pantalla del televisor. No podía ser de otra manera: pronto, cada uno de ellos se disparó a cada rincón de la habitación. Producían chispazos destellantes seguidos de sonidos muy agudos. Cada parte de lo que alguna vez fue su cuerpo tenía la intención de salir a como dé lugar de aquel lugar. Había llegado el momento de ser libre. Si no lo pudieron ser cuando todos eran uno, ahora podían lograrlo divididos en fracciones insignificantes. Nada, pues, les impedía escapar de lo que antes fueron. Ahora perseguían el sueño que tanto habían anhelado. Brillar, gritar, moverse a gran velocidad sin importar nada más; sin pensar, simplemente vibrar. Volar sobre las nubes; de ahí hasta las estrellas. Luego regresar y, sin parar, recorrer el mundo entero. Experimentar ser alguien más; tocar, oler, besar a quien su amor querían entregar. Sin remordimientos, sin malos pensamientos; sin restricciones ni temor a ser descubiertos. Eso es lo que tanto querían. Lástima que no había vuelta atrás. Una vez separados sólo les quedaba el mismo destino: disfrutar un día más, antes de que la luz de los pixeles se apagara y dejaran de existir. Valió la pena ser divididos para llenar sus corazones con tan reducidos momentos de alegría y libertad. No había cabida para el arrepentiemiento. Tal vez fue algo que pudieron bien hacer con antelación. Pudieron, tal vez, haberlo logrado estando aún unidos; y entonces haber gozado mucho más tiempo la felicidad.

Así es la vida. Viviré unido a mis convicciones y falta de decisiones, hasta que llegue el momento de explotar en mil pedazos... y, tal vez, tenga la oportunidad de ser por unos momentos libre y completamente feliz... No sé si habrá valido la pena. No sé. No sé siquiera que pasará mañana o a principios del próximo año. Sólo sé que me partiré en millones de pixeles y, entonces, moriré.

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