El Tacto
"No te aferres a nadie ni nada material", me ha dicho él. Pienso que tiene toda la razón. Si alguna vez pretendo ser completamente feliz (o mejor dicho, mayormente feliz), debo asimilar que nada terrestre puede dármelo. Eso es un problema, especialmente porque me hace extremadamente feliz el contacto físico: un largo abrazo, un tierno beso, una infinita mirada, una interesante charla, el olor del cuerpo cercano. Sin embargo, pareciera que mi sentido del tacto jamás se saciará. A Dios no lo puedo tocar. Sí lo puedo sentir, pero no tocar. Entonces siempre me faltará algo. ¿Podría vivir únicamente con lo espiritual?... Algunas pocas veces he pensado que sí, pero hoy me doy cuenta de que necesito sentir ese intercambio de emociones físicas. Entonces vuelvo a lo mismo... Espero, en una de estas, convencerme a mí mismo de qué es lo que quiero en esta vida y qué debo hacer para alcanzarlo. Por lo pronto sé que quiero tocar... Ahora me resta pensar cómo lograrlo.
0 comentarios