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PeteR

Esta vez me encariñé con ella

Saliendo del trabajo la tomé y me arraigué fuertemente a ella. En el auto la ubiqué a un lado mío, y allí la dejé. Mientras conducía pensaba en lo agradable que era disfrutar de la noche, la carretera y las luces. Me sentía reconfortado porque ella estaba allí, a un lado mío... Es curioso. Es así como suelo no sentirme solo cuando invariablemente lo estoy. Conducir casi medio hora por el periférico es algo que me gusta, porque me tomo el tiempo para relajarme, a pesar del tráfico, y dialogar conmigo, en mi interior. Al menos así mi mente se libera y, mientras conduzco a gran velocidad, voy dejando los problemas y pensamientos negativos detrás... No siempre lo logro. Cuando me toca alto en el semáforo algunos se vuelven a subir.

Ella me acompañó esta vez, y me sentí contento. Temprano por la mañana la escogí, y por la noche fue mi compañera, porque no tuve oportunidad de verla a medio día, para comerla... Sí, para comerla. Una manzana era ella. Otras veces lo han sido piedras, clips, ligas... grullas o bolitas de papel de las que me gustan hacer cuando estoy estresado o no tengo nada qué hacer. A veces tomo cualquier objeto que me encuentro y lo meto a mi bolsillo para que me acompañe... En ocasiones les hablo y les explico porqué actúo de tal o cual manera, como si me escucharan y entendieran... Sí, es absurdo e infantil, pero eso es lo que en ocasiones hago, y me hace sentir bien.

Esta vez fue diferente, porque fue una manzana, me encariñé, y al final... me la comí. Ella me dijo que lo hiciera...

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