
Mi espalda y mi trasero están clamando que me levante de mi silla, pero mi entusiasmo por leer y leer más weblogs es mucho mayor. Decidí que sería mejor quedarme aquí sentado en lugar de ver televisión. Total, lo único que pasan el día de hoy son aburridísimos partidos de fútbol soccer o, peor aún, fútbol americano (No, en serio, ¿qué es lo que le ven de entretenido a esos juegos? Que alguien me explique). Y hablando de cosas aburridas, ¿qué les parecen las misas?... Si alguien me pregunta de qué religión soy, le digo: "Se supone que soy católico, pero bueno, no voy a misa, no leo la biblia, no cumplo todos los mandamientos, creo en la reencarnación, en los ovnis, en la homosexualidad de Alejandro Magno, y en el uso del condón"... Y sí, así somos la mayoría de quienes nos decimos católicos. Lo somos porque así nos lo han dicho, pero no lo somos por creencia propia. En mi caso puedo decir que no practico ninguna religión, simplemente creo lo que creo. Por eso no voy a misa, pero más aún no voy porque me parece la ceremonia más aburrida de todas. Sin embargo, hoy fue diferente... Oh, sí, hoy fui a misa, ni yo me la creía. Lo hice por tres razones: la más importante porque mi abuelo cumplió once meses de fallecido, y la misa se realizó en su honor; la segunda e igualmente importante para acompañar a mi madre; y la tercera y no menos importante, porque mi padre me despertó en la madrugada (10am, ya sabes, los domingos amanece más tarde) con sus característicos golpecitos en mi puerta (¡TOOOOOOOOOOC! ¡TOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOC! ¡TOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOCC!) diciéndome: "Le darás las llaves de tu carro a tu mamá para que vaya a misa, o mejor si tú la llevas, ¿ok?" (Por cierto que después de que mi padre me dijo esto, hice un esfuerzo sobrehumano para que mi mente no se desbordara y comenzara a enrredarse en ella misma con pensamientos negativos acerca del trato tan autoritario que siempre ha tenido mi padre para conmigo). En fin, que fuimos a misa. Yo ya esperaba que fuera una ceremonia diferente, porque el Padre tiene fama de ser ameno, pero superó mis expectativas. No tanto por sus palabras, si no por la forma (o des-forma, más bien :S) en que llevó la misa: muy fuera del protocolo tan ordinario que suelen tener estos eventos. Parecíamos más bien una escuelita, donde el maestro (el Padrecito, claro) nos hacía repetir una y otra vez algunos textos, levantaba su mano indicando quién debía pasar a leer al frente (las sagradas escrituras, ya saben), pero además teníamos música en vivo: un órgano y un viejito que balaba mientras lo tocaba. Jaja, fue divertido. Sí, me arrancó una que otra carcajada de esas que te las tragas para que nadie te escuche. Mi hermana sólo volteaba a verme, y se reía conmigo... ¿Saben? Después de todo, creo ha sido un Buen Domingo, ¿verdad?
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PeteR -
leti -