
Dos cosas me alegraron el día de hoy. Mientras esperaba dar la vuelta en el periférico para tomar la autopista en sentido contrario y dirigirme a mi casa, me llamó la atención una minúscula y delicada flor (si no me equivoco una margarita). Lo que más me enterneció fue observarla tan solitaria, entre el polvo y rocas, a unos centímetros del peligroso paso de los veloces neumáticos de los automóviles. Allí estaba ella, deshojada (le faltaba un pétalo) y tambaleante. No le importaba nada. No le importaba el peligro, el intenso sol, ni la dura tierra; permanecía en pie, toda ella. "Que linda eres. No te olvidaré" -Le dije... Entonces seguí mi camino, mi largo camino; alcé la mirada y entonces la vi. La hermosa luna, redonda y brillante como sólo ella puede ser. Por unos instantes perdí el control del auto; quería admirarla un poquito más, sólo un poquitito más... Y mientras daba vuelta en una larga curva, dejaba atrás esas dos maravillas de la naturaleza que hicieron sonreír y llenarse de alegría a este ser, tan pequeño y solitario como esa flor pero tan grande y brillante como aquella luna.
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